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La sonrisa, la oportunidad de decir SÍ a la vida

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¿Cuántas veces nos quejamos al día?, ¿y de las mismas cosas?, ¿Dónde ponemos nuestra mirada, en nuestro entorno o en aquello lejano a lo que no podemos influir?, ¿Qué rictus tenemos en la cara cuando miramos al mundo?, ¿Cuánto de víctimas nos sentimos ante el complot indiscutible que el universo a tramado en nuestra contra?

¡Qué lástima!,  a medida que nos hacemos mayores (en algunos casos no ocurre) nuestro rostro es más insípido, más aséptico, más al borde del caos universal. Vamos perdiendo la capacidad de reírnos y con ésto también perdemos la capacidad de disfrutar de la vida y de abrirnos oportunidades convirtiéndonos en seres grises, quejicas, tristes, víctimas…

¿Qué nos pasa?, ¿Qué hacemos? Según un estudio de James Loeher, mientras los niños y niñas tienen la capacidad de reírse hasta 400 veces al día,  las personas adultas, con gran suerte y como mucho, no superamos las 100 veces y en un día normalito andamos como media entre 20 y 30 veces. Quizá entremos en un exceso de seriedad que nos perjudica seriamente la salud y curiosamente en esta sociedad occidental capitalista consumidora se le da a la seriedad un valor que está muy por encima del que tiene y por el contrario a la sonrisa, a la alegría, a  la capacidad de disfrutar de la vida se las confunde con falta de compromiso, falta de responsabilidad, con vidas díscolas y sin rigor para llevar a cabo una vida digna y ejemplar.

Es cierto que a veces nos ocurren cosas muy dolorosas: pérdidas, acontecimientos, problemas, etc. Y hay muchas circunstancias que no podemos controlar, son así, nos ocurren, es la vida. Y todas las personas, absolutamente todas las personas, pasamos por momentos duros en los que sacar una sonrisa es lo último que nos apetece.

Pero una vez pasado ese momento de aceptación de la realidad y de dolor, forzarnos a esbozar una sonrisa nos beneficia a todos los niveles. El psicólogo Richard Wiseman nos explica que mantener durante más de 15 segundos la sonrisa, incluso si ésta es mantenida mordiendo un lápiz, nos ayuda a sentirnos mejor. El cerebro reacciona de la misma manera forcemos o no la risa. Nos trasmite el concepto de que una persona que se siente feliz sonríe pero también que una persona que sonríe se siente feliz. Este psicólogo ha concluido en sus investigaciones que el comportamiento genera los sentimientos. Considero que este es el gran desafío que tenemos por delante: observarnos y mirar qué hacemos y qué cambios podemos hacer para “sentirnos mejor” y así hacer también sentirse mejor a nuestro entorno.

¿Qué beneficios nos trae esta “actitud interna positiva”?  sonreír y reír (a carcajada limpia) nos provoca emociones positivas y ayuda a eliminar pensamientos negativos, nos ayuda a socializarnos más fácil  y  a comunicarnos mejor, se transmite mayor confianza,  libera hormonas del alivio del estado de ánimo (serotonina), placer y motivación (dopamina) y de producción de felicidad y efecto analgésico (endorfina), aumenta en un 25% la probabilidad de que el entorno se sienta también feliz (es contagioso), sonreír también aumenta nuestra flexibilidad, imaginación y creatividad  ayudándonos en la solución de problemas y conflictos, mejora y fortalece el sistema inmunitario, combate la depresión, genera estados de ánimo positivos, relaja los músculos, aumenta la esperanza de vida, mejora la autoestima y la autoconfianza, hace dormir mejor, te ayuda a conseguir los objetivos marcados, baja el estrés y la angustia, limpia y ventila los pulmones, oxigena el cerebro y el cuerpo, regulariza el pulso cardíaco, disminuye la presión arterial de la sangre, ayuda a quemar calorías, combate mejor las enfermedades, …

¿Qué maravilla, no? Pensar que con una simple sonrisa, aunque sea forzada, estoy haciendo algo positivo por mí y por mi entorno, desde luego yo decido sonreír. Por eso defiendo que una de las inversiones más importantes y rentables que podemos hacer en la vida es la de desarrollar la risa, la sonrisa, la felicidad y el sentido del humor (como hablo en este artículo) en las empresas, organizaciones, asociaciones, instituciones, familias, amigos y demás grupos de personas. Dando el valor que se merece a la alegría, a la capacidad de disfrutar de la vida, de cumplir con los objetivos con entusiasmo, con ilusión, de “desdramatizar” y “relativizar” las circunstancias que sí podemos modificar, que sí está en nuestras manos encontrar caminos de solución, de construcción, de cambio en las formas de hacer. Curiosamente, y en contra de lo que muchas personas piensan, tenemos una gran capacidad de adaptarnos, de transformarnos, de cambiar, de hecho lo hacemos cada día, con cada cosa que nos pasa vamos cambiando. Que esos cambios contribuyan a que todos seamos más felices y digamos Sí a la vida con una sonrisa y provoquemos que las neuronas espejo de las person

as que nos rodean imiten esa sonrisa.

Os dejo con dos maravillosos temas que me inspiran. Uno del maravilloso Nat King Cole con el título de Smail (con su versión de Michael Jackson), y el otro es de la maravillosa Rosana que se titula Sonríe.

Como acababa en ese mismo artículo “Sembremos nuestra vida de pequeñas sonrisas cotidianas directas a la mirada del corazón”.

 

Gracias por vuestro tiempo y que tengáis un maravilloso día.

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